Hola, mi querida familia. Me llegó hasta el cielo un deseo muy profundo de ustedes… hace tiempo que no escuchan mi voz, pero eso no significa que no esté lejos. Sigo con ustedes, más cerquita de lo que imaginan. Estoy en cada canción que les trae un recuerdo mío, en cada comida que prepara la familia, en cada oración que elevan con amor. Estoy en los lugares que compartimos, en las risas, en los silencios y en los recuerdos que guardan en el corazón. Los extraño tanto, pero también me llena de alegría verlos seguir adelante. Aunque ya no esté físicamente, no olviden que sigo acompañándolos en cada momento feliz y también cuando las cosas se ponen difíciles. Desde aquí he visto que algunos han pasado por momentos duros, que han cargado enojos o rencores que no valen la pena seguir sosteniendo. Su papá, sus hermanos y yo los miramos con amor, como siempre lo hicimos. Quiero que sepan que todos nos fuimos en paz, sin arrepentimientos, envueltos en el amor infinito de Dios. Ojalá ustedes también encuentren esa paz en vida, que vivan sin cargas innecesarias, sin miedo y sin dejar nada sin decir. Los amo con todo mi corazón. Y aunque faltan muchos años para que nos volvamos a encontrar, ese día llegará lleno de luz y alegría. Mientras tanto, vivan, rían, abrácense y no olviden quiénes son. Son Palazuelos… y los Palazuelos nunca se rinden.