“Todo comenzó un 17 de octubre… cuando llegó al mundo un niño lleno de luz, Wilfredo Antonio Mena Hidalgo. Desde pequeño mostró ese corazón tan noble, esa sonrisa que iluminaba a todos a su alrededor. Creció entre risas, travesuras y sueños… siempre con ese brillo en los ojos que lo hacía tan especial.” “Con el tiempo se convirtió en un joven alegre, amable y responsable. Le encantaba jugar fútbol, y cuando estaba en la cancha, se transformaba… porque ser portero era más que un juego, era su pasión. Siempre estaba listo para cuidar el arco, como también cuidaba de los que amaba.” “Wil fue de esas personas que dejan huella sin hacer ruido, que con un gesto, una palabra o una sonrisa, hacían sentir amor y paz. Tenía un gran corazón, y todos los que lo conocimos lo sabemos. Le fascinaban las motos… esa sensación de libertad que tanto disfrutaba. Era feliz recorriendo caminos, sin imaginar que uno de esos recorridos sería su último. Su partida dejó un vacío enorme, pero también dejó amor en abundancia, especialmente en su hijo, su mayor orgullo, su razón más grande para sonreír.” “Hoy, mi hermano, aunque ya no estés aquí conmigo, sé que sigues presente en cada recuerdo, en cada risa que aún puedo escuchar, y en cada pensamiento que me lleva hacia ti.” “Feliz cumpleaños en el cielo, Wil. Gracias por tanto amor, por enseñarme con tu vida lo que significa ser noble, alegre y fuerte. Te extraño todos los días, pero también te celebro, porque tu historia sigue viva en quienes te amamos, y en ese pequeño que heredó tu luz. Mientras yo viva… jamás serás olvidado.”
