Yo fui Jesús Antonio Vázquez Estrada, nací el 12 de junio de 1983 en Mazatlán, Sinaloa. Mis padres fueron Jesús Vázquez Hernández y Patricia Estrada López. Cuando tenía 3 años regresamos al pueblo de mi padre, San José de Gracia. Tuve tres hermanas: Liz, Ana y Laura. Me crié con mi abuelo paterno, mejor conocido como Don Andrés “el Camotero”. Él era comerciante y juntos recorríamos las calles del pueblo vendiendo camotes. A los 15 años tuve que dejar los estudios para migrar a Estados Unidos por falta de recursos. Regresé a los 23 años y, poco después, el destino me llevó a casarme con Gabriela Ferreira de Loza, la mujer que se convirtió en mi compañera de vida. Comencé a trabajar en Tránsito Municipal y, al año de estar ahí, recibimos la bendición de nuestra primera hija, Monse, quien llenó nuestro hogar de alegría. Ese mismo año pasé a formar parte de Seguridad Pública, un cambio que trajo consigo nuevos desafíos, amistades y aprendizajes, pero también la oportunidad de seguir creciendo para mi familia. Con el paso del tiempo llegaron mis otros dos hijos, Regina y Andrés, completando así la familia que siempre soñé. Siempre fui un hombre alegre y sencillo. Disfrutaba escuchar música de banda, compartir buenos momentos con un tequila en mano y, sobre todo, convivir con mi familia, que era lo más valioso en mi vida. Unos años después, me fui a Estados Unidos, buscando nuevas formas de mejorar y hacer crecer nuestro negocio familiar de papas. Tras mi regreso, reflexioné sobre lo que realmente quería para mí y mi familia, y tomé la decisión de dejar Seguridad Pública para dedicarme por completo a nuestro negocio de papas caseras. Al dejar Seguridad Pública, necesitaba mantenerme activo, y se me presentó la oportunidad de trabajar en un restaurante como seguridad. Con el tiempo, los encargados me dieron más responsabilidades, y comencé también a encargarme de traer la materia prima para el restaurante, combinando así mi experiencia en seguridad con nuevas tareas de logística. Fue durante uno de esos viajes de trabajo, cumpliendo con mis responsabilidades y siempre pensando en el bienestar de mi familia, cuando un accidente inesperado truncó mi camino. Aunque la vida me llevó por este final, el legado de esfuerzo, dedicación y amor por los míos quedó siempre presente, y mi familia continuó con los proyectos que juntos habíamos construido. Morí a la edad de 41 años, el 15 de abril de 2024, dejando atrás una historia de trabajo, constancia y amor familiar que siempre será recordada.
