“Ok, les tengo que contar esto porque hasta el día de hoy no sé si fue real o una cámara oculta. Un día normal en el salón, llega una chica nueva, súper linda, pero se le notaba que venía nerviosa. Me dice: ‘Es mi primera vez haciéndome las cejas, nunca nadie me las ha tocado’. Yo le pregunto si es por miedo o por gusto, y me dice: ‘No, es que mi mamá siempre me dijo que si me quitaba un solo pelito se me iba a caer la vista’. Yo me reí, obvio con respeto, porque cada quien tiene sus creencias… pero por dentro pensaba: wow, con razón las trae como telenovela del 98. Bueno, le diseño la ceja, marco, todo perfecto. Cuando empiezo a trabajar, me doy cuenta que tiene una ceja más alta que la otra. Pero no poquito… ¡bastante! Me entra el pánico interno porque pienso: ¿le fallé yo? ¿Fue el ángulo? ¿La luz? Entonces, antes de seguir, agarro mi espejo profesional —porque no vamos a improvisar—, y le digo: ‘¿Tú te has notado esto?’ Y me dice: ‘Ah sí, me pasó cuando me caí de la bicicleta a los 7 años, me pegué justo aquí’. Yo: ¡Ah! Bueno, gracias por avisar. Total, termino las cejas, le muestro, y me dice: ‘Ay, me encantan, quedaron iguales, ¿verdad?’. Y yo con mi cara de profesional, pero por dentro rezando: ‘Que no vea la diferencia’. Le digo: ‘Mira, amor, quedaron armoniosas, que es lo más importante. Porque como siempre digo: somos artistas, no cirujanas plásticas’. Se fue feliz, me dejó propina y todo. Pero desde ese día, aprendí a hacer una mini entrevista antes de tocar una ceja. Nunca sabes lo que hay detrás de una asimetría.” “Así que ya sabes, si nunca te has tocado las cejas y quieres una pro que te las deje armoniosas, agenda conmigo. En mi salón cuidamos cada detalle… incluso los que tú no notas. Mándame un mensajito o déjame un comentario, y te paso toda la info.”