Jesús, al responder de esta manera, no estaba sugiriendo que contáramos las veces que perdonamos como si fuera una simple matemática. Él nos estaba mostrando que el perdón no tiene límites, que es un acto que debe fluir constantemente en nuestras vidas. El perdón, para Jesús, no es un acto ocasional, sino una manera de vivir, una actitud que debe reflejarse en cada pensamiento y acción
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