Amado Padre Celestial, en esta hora me acerco a Ti con un corazón humilde, reconociendo que Tú eres el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Tú eres mi refugio, mi escudo y mi fortaleza. Hoy levanto mi voz, no confiando en mis fuerzas, sino en el poder de Tu Espíritu Santo que me sostiene.