Aliz había dejado atrás el dolor de aquella pérdida, y aunque el recuerdo aún permanecía, había aprendido a vivir con él. Con el paso del tiempo, esas lágrimas rotas habían comenzado a secarse y la nostalgia había dado paso a una sensación de paz... Hasta que un día cualquiera, mientras Aliz caminaba por la calle tranquilamente, volteó a su izquierda y ¡ahí estaba él! apareció como una ráfaga de oscuridad que emerge entre la nada, pasó a su lado, en bicicleta, sin prisa y sin un propósito aparente, pero como si el mismo destino lo guiara hacia los ojos de Aliz. Y así es como el corazón de Aliz se estremeció con un latido inoportuno, -"a destiempo"- pensó entre suspiros, como si el ritmo de su alma se hubiera desajustado, como si el mismo tiempo se hubiera convertido en un juego de oportunidades y encuentros perdidos... como si el propósito de "él" fuera distorcionar el presente de Aliz para llevarla a escribir "a destiempo".
