Rafinha… hay regresos que no se celebran, se sienten en la piel. El Camp Nou lleva 55 días respirando diferente, porque falta ese zurdo que convertía cada jugada en un latido, esa presión que ahogaba rivales y ese grito suyo que despertaba gigantes. El 25 de septiembre, contra el Oviedo, su pierna se rompió… y el corazón de todos nosotros también. Pero mientras muchos dudaban, Rafinha no. Se entrenó solo, se levantó mil veces, tragó lágrimas en silencio y convirtió el dolor en gasolina. Porque él entiende algo que pocos entienden: las caídas duelen, pero los que nacen para brillar… las usan para despegar. Y ahora, culés… 22 o 25 de noviembre, en Champions, prepárense. Vuelve el que nunca dejó de luchar, vuelve el motor de Hans, vuelve el que rompe líneas como si fueran papel, vuelve el que nos llevó al triplete, vuelve el brasileño que nos enseñó que las estrellas de verdad… no se apagan: renacen.
