Voz masculina argentina, entre 40 y 45 años. Timbre grave–medio, con profundidad y cuerpo. La textura es humana, cercana, con una leve aspereza natural que deja entrever el paso del tiempo y la experiencia. No es una voz impostada ni publicitaria: conserva imperfecciones sutiles, aire, respiración real. Tonada y acento Tonada del interior argentino, preferentemente centro o norte. Vocales abiertas, especialmente en las a y o. Consonantes suaves, sin marcaciones exageradas. El acento debe sentirse orgánico, identitario, nunca forzado ni folklorizado. Ritmo y tempo Ritmo pausado, sostenido. La voz no se apura ni se arrastra. Cada frase parece apoyarse primero en el cuerpo antes de ser dicha. Uso consciente de silencios breves entre ideas, permitiendo que el sentido repose. El silencio tiene peso narrativo. Intención emocional Habla desde la memoria, la ausencia y la contemplación. No dramatiza ni declama. La emoción está contenida, sostenida internamente. No hay llanto ni énfasis exagerado: la intensidad surge de lo que no se dice del todo. Acentuación y énfasis Los énfasis son sutiles y precisos, puestos sobre palabras vinculadas al tiempo, el cuerpo, la tierra, el recuerdo y la pérdida. El volumen no sube para remarcar: el énfasis aparece en la densidad y en la caída de la frase. Dinámica vocal Volumen medio a bajo, cercano, íntimo. Sensación de que la voz se dirige a alguien muy próximo o a un espacio vacío que escucha en silencio. No proyecta para grandes escenarios: privilegia la cercanía y la confidencia. Respiración Respiraciones audibles y naturales. El aire acompaña el sentido del texto. Antes de frases clave, una leve inhalación, como si el recuerdo necesitara espacio para salir. Estado interno del relator No relata hechos: evoca. No explica: confiesa. Habla desde un presente calmo, con la certeza de quien ya atravesó lo dicho. No busca conmover ni convencer; simplemente deja que la palabra exista.
