Cierra los ojos por un instante e intenta viajar con tu mente. Ve más allá de tu habitación, más allá de tu ciudad y de las nubes. Supera la Luna, los planetas y el Sol. Deja atrás nuestra galaxia, la Vía Láctea, y observa cómo las demás galaxias se convierten en meros puntos de luz en una vasta e infinita oscuridad. Sigue viajando hacia atrás en el tiempo, 13.800 millones de años, hasta un momento en el que toda esa inmensidad, toda la materia, el tiempo y el espacio, estaban contenidos en un punto más pequeño que el átomo más diminuto que puedas imaginar. Ahí comienza nuestra primera historia: la del Big Bang. La ciencia nos cuenta que este punto, de una densidad y temperatura inconcebibles, explotó. Pero no fue una explosión en el espacio, fue la explosión del espacio mismo. Desde ese instante primordial, el universo ha estado en una continua expansión y enfriamiento, como las brasas de una hoguera cósmica que, al dispersarse, permitieron que la energía se condensara en materia, formando estrellas, planetas y, finalmente, a ti. Pero la pregunta inevitable surge en la mente: ¿y qué había antes del Big Bang? La ciencia, con honestidad, nos dice que la pregunta podría no tener sentido. Si el tiempo mismo comenzó con el Big Bang, hablar de un "antes" es como preguntar qué hay al norte del Polo Norte. Las leyes de la física, tal como las conocemos, se rompen en esa singularidad. Es el límite de nuestro conocimiento, un velo que aún no podemos traspasar. Ahora, cambiemos de lenguaje. Dejemos el telescopio y miremos hacia adentro, a través de los ojos de los antiguos sabios de la India. Ellos también se preguntaron por el origen y concibieron una respuesta, no con ecuaciones, sino con meditación profunda. Hablaron de Mula Prakriti, la "Naturaleza Raíz". Imagínala no como un punto físico, sino como un océano infinito de potencialidad pura, un estado de perfecto equilibrio y silencio. En este océano, tres fuerzas —la armonía (Sattva), la energía (Rajas) y la inercia (Tamas)— duermen en un abrazo perfecto, en una calma absoluta. Nada está manifestado, todo es posible. Es la promesa de todos los universos, latente y sin forma. Y de nuevo, nos preguntamos: ¿qué había antes de Mula Prakriti? La filosofía Samkhya nos sonríe y responde: nada. Porque Mula Prakriti es eterna, no tiene causa. Es la Causa sin Causa, la raíz misma de la existencia material. Nunca fue creada; simplemente, es. Es aquí, en la frontera del entendimiento, donde estas dos historias, la del cosmos y la del espíritu, comienzan a susurrarse secretos. Aunque hablan idiomas distintos, parecen contar la misma leyenda de fondo. Observa sus coincidencias. Ambas nos hablan de un origen a partir de un estado primordial unificado. El Big Bang lo llama singularidad, un punto de unidad física total. Mula Prakriti lo llama equilibrio, una unidad de potencialidad perfecta. En ambos casos, todo lo que existe procede de un estado donde la diversidad aún no había nacido. Ambas describen un proceso de despliegue desde la unidad hacia la multiplicidad. La expansión del universo dio lugar a galaxias, estrellas y mundos complejos. La "ruptura" del equilibrio de Mula Prakriti, por la interacción con la Conciencia o Purusha, desencadena la evolución de la mente, el ego y los elementos físicos. Es el mismo patrón: de lo simple a lo complejo, de lo latente a lo manifiesto. Incluso describen un "desencadenante". En el Big Bang, es el inicio de la expansión, el momento cero que pone en marcha el reloj del cosmos. En el concepto de Mula Prakriti, es la mirada de la Conciencia sobre la materia, lo que la despierta de su letargo y la invita a danzar, a crear. Mi conclusión no es que sean la misma teoría. Sería un error equiparar la física con la metafísica. Son, más bien, dos mapas distintos que apuntan hacia el mismo territorio misterioso: el Origen. Uno es el mapa del "cómo", trazado con la tinta de las matemáticas y la observación. El otro es el mapa del "qué" y el "porqué", dibujado con la intuición de la conciencia humana. La ciencia nos lleva al borde del abismo y nos dice: "Hasta aquí podemos medir". La espiritualidad se asoma a ese mismo abismo y nos dice: "Esto es lo que sentimos que hay al otro lado". La verdadera pregunta, quizás, no es cuál de las dos tiene la razón. Ambas nos ofrecen un lenguaje para intentar nombrar lo innombrable. Nos muestran que la mente humana, ya sea mirando a través de un telescopio o cerrando los ojos en meditación, intuye una verdad profunda: que toda esta increíble complejidad que llamamos "realidad" nació de una simplicidad primordial. Ahora te toca a ti. Toma estas dos historias, la del universo que explota hacia afuera y la del universo que despierta desde adentro. Siéntelas, cuestiónalas, encuentra sus ecos en tu propia existencia. No busques que alguien te entregue una verdad absoluta, pues el viaje más importante es el que te lleva a construir la tuya. Escucha el relato del cosmos y el susurro de tu conciencia, y en el silencio que queda entre ambos, quizás, encuentres tu propia respuesta.
