Daniela

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@Cr Vqz
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EL PAÑO SOBRE LA RAMA Una mañana fría de enero, Javier caminaba sobre el suelo fríc teñido de pequeños granos de nieve que caían de la rama de los árboles, al menearse con el suave viento que recorría por todo el sendero a recorrer hacia su escuela. El cielo se encontraba gris y sombrío, con nubes bajas que parecían tocar la copa de los árboles, Javier podía sentir el frío en sus dedos a pesar de llevar guantes. El aire estaba lleno de olor a nieve y madera húmeda, caminaba lentamente al escuchar el sonido que producían sus pies al crujir sobre la nieve fresca. De pronto sin darse cuenta, por estar concentrado en el sonido de sus pies, escuchó un chasquido que provenía más adelante, donde tarde o temprano tendría que pasar, Javier sintió como un escalofrío recorrió todo su cuerpo dejándolo paralizado, este se detuvo en seco, su corazón latía con fuerza mientras su mente intentaba descifrar la fuente de aquel chasquido. Miró a su alrededor, pero la neblina del frío y el gris del cielo no le permitían ver más allá de unos pocos metros. La sensación de ser observado se apoderó de él, y un sudor frío comenzó a formar pequeñas gotas en su frente. Decidió avanzar con cautela, cada paso más lento que el anterior. El sonido del crujir de la nieve bajo sus pies parecía amplificarse en el silencio. A medida que se acercaba al lugar de donde provenía el chasquido, notó algo extraño, en una rama desgastada por el tiempo, un paño colgaba de ella, agitado por el viento como si alguien lo hubiera dejado allí. El paño era de un color rojo intenso, un contraste inquietante contra el blanco inmaculado de la nieve. Javier sintió una mezcla de curiosidad y miedo. Algo le decía que no debía acercarse, pero había una fuerza inexplicable que lo atraía hacia él. Se preguntó... ¿Qué podría significar aquel paño? ¿Sería una señal? ¿O acaso una advertencia? Con cada paso que daba hacia la rama del aire parecía volverse más denso, como si la naturaleza misma estuviera conteniendo el aliento. Al llegar junto al árbol, estiró la mano, temblorosa para tocar el paño. En ese instante... Un nuevo chasquido resonó detrás de él. Javier giró rápidamente, encontrando solo la soledad del sendero desierto. Sin embargo, cuando volvió su mirada al paño, notó que había algo más extraño. Un pequeño objeto brillaba entre las arrugas del tejido. Con un hilo de valentía y nerviosismo, lo sacó con cuidado y descubrió que era una llave antigua. El frío se intensificó a su alrededor y un viento helado parecía susurrarle al oído. No estas solo. Su mente se llenó de preguntas. ¿A dónde llevaría aquella llave? ¿A qué puerta abriría? Pero sobre todo, ¿quién había dejado ese mensaje en un día tan desolador? Decidido a descubrirlo, Javier miró hacia adelante por el sendero cubierto de nieve. La escuela había quedado atrás. Lo que antes era solo un viaje diario, ahora se transformó en una búsqueda misteriosa llena de secretos ocultos. Con la llave apretada en su mano y el paño ondeando suavemente detrás de él, dio un paso hacia lo desconocido. Los árboles parecían inclinarse hacia él mientras avanzaba, como si quisiera advertirle sobre lo peligroso que le esperaba. Sin embargo, Javier no podía dar marcha atrás. Había cruzado un umbral que lo llevaría a enfrentar no solo los misterios del bosque, Sino también sus propios miedos internos. Así continuó su camino. Avanzó con la llave en la mano, sintiendo que cada paso lo llevaba más profundo en el misterio del bosque. El aire se volvió más frío y denso. La sensación de ser observado creció a cada instante. De repente, un murmullo suave comenzó a rodearlo, como si el viento le susurrara secretos olvidados.Finalmente llegó a un claro donde se alzaba una antigua cabaña cubierta de hiedra y sombras, la puerta estaba entreabierta, como invitándolo a entrar. Con el corazón latiendo desbocado, Javier se acercó y con manos temblorosas insertó la llave en la cerradura oxidada. Un clic resonó en el silencio y la puerta se abrió con un chirrido. Dentro, el ambiente era sombrío y polvoriento. Las paredes estaban adornadas con retratos de personas con miradas tristes y vacías que parecían seguirlo. En el centro de la sala, una mesa estaba cubierta de objetos extraños, relojes parados, libros desmoronados y un espejo empañado que reflejaba solo la oscuridad. Mientras exploraba, Javier sintió que algo lo observaba desde la sombra, cuando de repente, una figura apareció en el espejo. Era el mismo, pero con una expresión de terror absoluto. Su reflejo sonrió con malicia, mientras sus labios murmuraban palabras. Asustado, retrocedió y tropezó con un objeto en el suelo. Era otro paño rojo. Al recogerlo, notó que tenía su nombre bordado en él junto a una fecha. Su propio fecha de nacimiento. Un escalofrío recorrió su espalda al comprender que había algo más profundo en este lugar. Quizás no había sido solo un viaje aleatorio. En este momento, el viento aulló, afuera como si intentara advertirle. La figura en el espejo comenzó a moverse hacia él, extendiendo una mano que parecía querer atraparlo. Desesperado, Javier intentó escapar, pero la puerta se cerró de golpe tras de él. La cabaña parecía cobrar vida, las paredes se acercaban lentamente, mientras los rostros de los retratos gritaban er silencio. Javier comprendió que había cruzado una línea, que no podíregresar. Había despertado algo antiguo y oscuro que siempre lo había estado esperando. Con su corazón latiendo por última vez ante la inevitable oscuridad que lo envolvía, Supo que jamás podría salir de allí.La cabaña devoró su esencia mientras su reflejo sonreía triunfantemente en el espejo. Y así, el bosque volvió a quedar en silencio. Solo el crujido de la nieve rompía la calma. Nadie supo jamás del chico. Del chico que desapareció aquel día. Solo quedó un paño rojo ondeando suavemente detrás de la ram de los árboles donde todo había comenzado.

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