"Pos sí, m’ijo... yo vi crecer Tijuana con mis propios ojos..." Cuando llegamos... todo esto era puro cerro. Vine de Guerrero con tres chamacos y una maleta rota. Nos bajamos por la Segunda... olía a pan dulce y diésel. Vivimos en la Libertad... en casa de madera. Si llovía, se metía el agua... pero los vecinos ayudaban. Yo trabajaba en la Constitución. La Revu era tranquila... con tienditas, cafés, gente a gusto. A mi viejo lo conocí en el parque Teniente Guerrero... arreglaba radios. Pasamos por Otay, el Mariano, El Florido... hasta llegar aquí, a Valle Verde. Aquí envejecimos. Él regaba el frente... con su café en mano y su silla de plástico. Vi nacer Plaza Río... la glorieta Cuauhtémoc... y también vi cómo la ciudad se llenó de miedo. Pero Tijuana es de los que no se rajan... Mi viejo ya no está... pero yo me quedo. Aquí están sus pasos... sus cosas... y todo lo que fuimos. Yo no sólo vi crecer esta ciudad... yo la viví... la trabajé... y la amé.