Estrepsíades era un hombre común, de esos que trabajan todo el día para apenas llegar a fin de mes. Sin embargo, su hijo Fidípides gastaba todo el dinero en tenis de marca, celulares nuevos y salidas con amigos. Endeudado hasta el cuello, Estrepsíades buscó una solución desesperada: inscribirse en un curso en línea de “oratoria moderna” dirigido por Sócrates, un influencer famoso por enseñar cómo ganar cualquier discusión. El curso prometía técnicas para convencer a cualquiera, incluso para no pagar lo que uno debía. Estrepsíades estaba fascinado, pero Fidípides no quería saber nada: él seguía gastando. Poco después, gracias a las enseñanzas de Sócrates, el muchacho aprendió a argumentar de tal manera que terminó discutiendo con su propio padre, justificando por qué él debía seguir pagando sus caprichos. Al final, Estrepsíades se dio cuenta de que las palabras bonitas no eliminaban las deudas ni resolvían los problemas. Comprendió que lo que en realidad hacía falta era responsabilidad y diálogo. Mientras tanto, Sócrates seguía en sus transmisiones en vivo, riéndose de cómo sus seguidores usaban la retórica para evadir la realidad.
