Imagina vivir 24 años… sin ver la luz del sol. Eso fue lo que le pasó a Elisabeth Fritzl… una joven de Austria que, con solo 18 años, desapareció sin dejar rastro. La policía la buscó por todos lados… pero nadie imaginaba que estaba justo debajo de sus pies. Su propio padre, Josef Fritzl, la había encerrado en el sótano de su casa. Durante más de dos décadas… la mantuvo cautiva, la obligó a tener siete hijos… y vivió una doble vida frente a todo el pueblo, como si nada pasara. Nadie sospechó… hasta que un día, una de las hijas de Elisabeth enfermó gravemente, y Josef tuvo que llevarla al hospital. Esa fue la pista que destapó uno de los crímenes más horribles de la historia. Hoy, Josef Fritzl cumple cadena perpetua… pero las marcas que dejó… siguen vivas en ese sótano del horror.
