¿Sabes qué pasa? Que a veces no nos damos ni cuenta de por qué estamos como estamos. Nos han ido quitando cosas… poquito a poco. Tan despacio… que casi no duele. Y cuando no duele, no protestas. Pero cuando te paras a mirar… ya no queda casi nada. Los fijos discontinuos: Años sin saber cuántos meses van a trabajar, ni dónde. Puestos estructurales… tratados como temporales. Vacaciones restringidas, incertidumbre constante. Y aun así fueron los primeros en plantarse. La macro demanda no salió de un despacho… salió del coraje. De las ganas. De la organización, del apoyo mutuo. Sois el colectivo más valiente. Y cada uno sabe perfectamente quién ha estado de vuestro lado… y quién no. Los administrativos… ya ni te cuento. Les quitaron el efectivo por una decisión unilateral. Y nadie levantó la mano. Nadie les defendió. Y ahora ahí están… sosteniendo el kiosko entero. Vacíos de derechos… llenos de trabajo. Y encima como si fuera lo normal. Y qué te voy a decir de los técnicos… Años de carrera. Esfuerzo. Formación. Y cuando por fin entras… eres el comodín. Reformas, mostrador, nave… lo que falte. Todo. Siempre todo. ¿Y A cambio de qué? Migajas. Y ahora llega el “nuevo convenio”… que en lugar de abrirles camino… les limita aún más la subida de categoría. Ni ascender tranquilos pueden. De tanto mirar hacia arriba… al final solo pueden mirar hacia abajo. Y nosotros, los inspectores… Los productivos. Los que aguantamos calor en verano y frío en invierno. Los que hacemos números imposibles y aun así somos los señalados. Nos fuimos a la huelga con el cuchillo entre los dientes… con las famosas “líneas rojas”. Cinco líneas rojas, decían. ¿Sabes cuánto se tiraron con la plataforma? Un año y medio. Trabajando mil propuestas. Y mira tú por dónde… ninguna de esas líneas estaba pensada para ti… ni para mí. Claro… no había elecciones. Entonces sí había “unión”. Y ahora resulta que el rendimiento normal va a ser… rendimiento normal. Que no habrá problemas. Que nadie va a sufrir. Pero eso sí… endurecemos el régimen disciplinario. Las consecuencias, las consecuencias… Pero nada, no pasará nada, ¿verdad? Seguro que no. Nos están desangrando poquito a poco. Así no se nota… pero cada vez tenemos menos. Menos derechos, menos respeto, menos estabilidad… menos vida. Y lo más triste es que muchos ni lo ven. Porque cuando te acostumbras a perder… te conformas con cualquier cosa. Y ahora vienen con subidas salariales, promociones… como si fueran un regalo. Un regalazo. De esos que ellos mismos bloquearon hace ocho años… y ahora te venden como si te hubieran salvado la vida. Y hay quien aplaude. Porque es lo que querían: que nos conformáramos. Y, claro… los eventuales. A los eventuales siempre les toca vivir en la incertidumbre. Nunca saber si el mes que viene trabajas o no. Si te mandan al centro de al lado… o al de la otra punta de Andalucía. Levantarte cada día sin poder planificar nada de tu vida. Ni hipoteca… ni familia… ni futuro. Y aun así… ahí estáis. Al pie del cañón. Soportando la presión de ser los primeros en entrar… y los primeros en salir. Y ahora vienen y os prometen subidas salariales. “Te va a venir muy bien, ya verás…” — dicen. Pero nadie te cuenta de dónde va a salir ese dinero. Nadie te dice que el famoso plus por ver más coches… sale del presupuesto de contratación eventual. Si cada trabajador ve más coches… sobran trabajadores. Y los primeros… sois vosotros. Pero claro… eso no sale en el vídeo de campaña. Eso no se dice en las asambleas oficiales. Eso no se menciona cuando piden tu voto. Porque saben que los eventuales… no dan rédito sindical estable. Y por eso os prometen con una mano… mientras os quitan con la otra. Ha llegado el momento de pensar. De mirar lo que ha pasado. De no tragar por costumbre. Cuando metas tu voto en la urna… no solo estás votando un sindicato. Estás votando tu dignidad. Tu futuro. El de tus compañeros. Tenéis en vuestra mano darle la oportunidad a un sindicato combativo. Que no te asuste la palabra. Combativo no significa guerra. Significa defensa real. Significa trabajo, valores y presencia. No humo. Tú decides qué hacer. Tú decides si lo que te cuentan es verdad. Después… será tarde. Pueden quitarnos tiempo, derechos y futuro… pero no podrán quitarnos la dignidad si la defendemos juntos.
