Leonardo Nene

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@Leonardo Nene
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Muy buenos días a todas y todos. Hoy quiero compartir con ustedes una reflexión y un análisis sobre un tema que, más allá de ser solo una investigación escolar, toca directamente la realidad de miles de jóvenes en nuestro país: el emprendimiento juvenil en México. Cuando empezamos este trabajo, nos hicimos una pregunta muy sencilla: ¿Por qué cada vez más jóvenes están emprendiendo? Y conforme fuimos avanzando, nos dimos cuenta de que esta pregunta tiene muchas respuestas. Algunas personas emprenden por necesidad, otras por pasión, algunas por buscar independencia, otras por querer cambiar su entorno. Pero lo que tienen en común es que deciden no quedarse esperando una oportunidad, sino salir a crearla. El emprendimiento juvenil, en pocas palabras, es la acción de los jóvenes para iniciar un negocio propio, ya sea pequeño o grande, formal o informal, con o sin apoyo. Es una manera de generar ingresos, pero también una forma de expresarse, de innovar, de resolver problemas y de participar activamente en la economía del país. Durante nuestra investigación, descubrimos que el perfil del joven emprendedor en México es muy particular. La mayoría son personas creativas, con muchas ganas de salir adelante, y aunque muchas veces no cuentan con experiencia ni recursos, tienen ideas originales y la voluntad de hacerlas realidad. Muchos de ellos usan redes sociales, plataformas digitales o el comercio electrónico como herramientas para dar a conocer sus productos o servicios. Vemos jóvenes que venden comida, ropa, accesorios, que ofrecen clases, servicios, arte, tecnología y mucho más. Pero también encontramos que este camino no es fácil. Uno de los obstáculos más grandes es el acceso al financiamiento. Muchos jóvenes no tienen historial crediticio, propiedades o avales, lo cual hace que los bancos no confíen en ellos. Y aunque existen algunas alternativas, como el crowdfunding, incubadoras o programas de gobierno, muchos ni siquiera saben que esas opciones existen. Y ahí nos dimos cuenta de otro problema: la falta de educación financiera. Muchos jóvenes no saben cómo manejar un negocio, cómo hacer un presupuesto, cómo fijar precios o llevar una contabilidad básica. Y no es su culpa, es que simplemente en la escuela pocas veces nos enseñan eso. Nos enseñan a memorizar, a pasar exámenes, pero no a emprender, a administrar o a tomar decisiones económicas. A esto se le suma la burocracia. Formalizar un negocio en México puede ser complicado, costoso y lento. Los trámites, los permisos, los requisitos… muchas veces desmotivan a los jóvenes y los empujan a quedarse en la informalidad. Y al estar en la informalidad, no tienen acceso a créditos, apoyos gubernamentales ni protección legal. Otro aspecto que analizamos fue la falta de seguimiento. Existen programas que dan cursos, talleres o incluso fondos, pero después de eso, muchos jóvenes se quedan solos, sin asesoría, sin acompañamiento. Y eso hace que muchos proyectos se queden a la mitad o desaparezcan. Y por último, encontramos un punto muy importante: la desigualdad regional. Emprender en una ciudad grande como Ciudad de México o Guadalajara no es lo mismo que emprender en una comunidad rural o marginada. En las grandes ciudades hay más acceso a tecnología, a internet, a redes de contacto, a eventos, a incubadoras. Pero en otras regiones, los jóvenes simplemente no tienen las mismas oportunidades. Y no porque les falte talento, sino porque les faltan los medios. A pesar de todo esto, también vimos cosas muy positivas. Muchos jóvenes no se rinden. Buscan soluciones, se apoyan entre ellos, se capacitan por su cuenta, usan las redes sociales a su favor y siguen adelante. Eso es algo que hay que reconocer y apoyar. Como parte de este trabajo, realizamos una encuesta en la que participaron jóvenes que compartieron sus ideas, sus obstáculos y sus sueños. Gracias a sus respuestas, pudimos ver con más claridad que el emprendimiento juvenil no es una moda, es una necesidad, una respuesta creativa a los desafíos de hoy. Por eso, nuestra conclusión es clara: el emprendimiento juvenil en México tiene un gran potencial, pero necesita más apoyo, más difusión, más educación y menos barreras. Es importante que desde las escuelas, los gobiernos y las instituciones se creen espacios donde los jóvenes puedan aprender, equivocarse, crecer y emprender con más seguridad. Este trabajo también nos dejó una enseñanza personal muy valiosa. Nos hizo ver que no basta con tener una idea o un sueño; también se necesita preparación, constancia y apoyo. Y nos hizo valorar el esfuerzo de quienes se atreven a emprender, a crear algo desde cero. Quiero cerrar este discurso agradeciendo a quienes nos escuchan, a quienes participaron en la encuesta y a todas las personas jóvenes que, día con día, nos demuestran que se puede construir un futuro diferente, desde la iniciativa, la creatividad y la acción. Gracias.

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