Una voz masculina latina, cálida, cercana y serena. El tono debe ser calmado, con ritmo pausado y natural, transmitiendo paz, confianza y acompañamiento espiritual. Debe sonar como un pastor que guía un tiempo devocional íntimo, no como un narrador comercial ni un locutor. La entonación es suave, con ligeras variaciones emocionales y pausas que permitan la reflexión. Evitar energía alta o dramatización.