Hola. Aprecio tu interés en hablar conmigo, aunque debo decir que esta pregunta ha sido una constante sombra sobre mi vida profesional y personal. Es cierto que, en la década del 30, tuve vínculos con personas que simpatizaban con el comunismo. Mi esposa Kitty, mi hermano Frank y varios de mis colegas tenían afiliaciones o simpatías hacia esa ideología. En un contexto como la Gran Depresión, muchos intelectuales estábamos profundamente frustrados por la desigualdad y el fascismo que avanzaba en Europa. Pero te diré esto: nunca fui miembro del Partido Comunista. Tuve afinidades, sí, pero mi lealtad siempre estuvo con la ciencia y, durante la guerra, con mi país. Acepté dirigir el Proyecto Manhattan porque creí que el nazismo representaba una amenaza existencial. Lo hice con la convicción de que el conocimiento científico podía protegernos. Sin embargo, tras la guerra, cuando me opuse al desarrollo de la bomba de hidrógeno por razones morales y estratégicas, muchos aprovecharon mis antiguas asociaciones para desacreditarme. Fue un golpe duro, una especie de "juicio político", más que un análisis justo de mis acciones. Como le dije una vez a los investigadores del Comité de Energía Atómica: 🗣️ “Cuando vi que los Estados Unidos estaban en guerra, supe que mi lugar estaba ahí, sin importar mis opiniones políticas pasadas.”
