El armario de la abuela Esta historia la viví yo. Hace unos años, cuando era un niño, mis padres se divorciaron y mi madre y yo nos mudamos a casa de mi abuela. Era una casa de esas antiguas, con pasillos largos y oscuros y un silencio que a veces era ensordecedor. Mi abuela, una mujer dulce pero de pocas palabras, tenía un cuarto donde guardaba sus tesoros. Y entre todos, había uno que me intrigaba: un armario de madera oscura, con un espejo en el centro y tallados de flores en los bordes. Al principio, mi abuela me prohibió tocarlo. Me dijo que era un mueble muy viejo y que no quería que se dañara. Por supuesto, como todo niño curioso, la prohibición solo hizo que mi interés aumentara. Una tarde, mientras mi abuela dormía la siesta, me armé de valor y abrí el armario. No había nada dentro. Solo la madera oscura y un olor a naftalina. Decepcionado, cerré la puerta, pero en el reflejo del espejo, vi una figura. Era una mujer, de mi edad, vestida con un vestido de época, que me sonreía. Me asusté, pero al mirarme de nuevo, ya no estaba. A partir de esa noche, la figura de la niña del armario me empezó a visitar en mis sueños. Me hablaba. Me decía que no estaba sola, que había otras personas con ella, y que querían jugar. Me decía que si abría el armario, ellos saldrían. Un día, la niña me habló de un juguete. Un tren de madera que mi abuela guardaba en el ático. La niña me dijo que si abría el armario y metía el tren, ella y sus amigos saldrían a jugar. Me tentó. Estaba aburrido y el tren de madera era mi juguete favorito. Esa noche, sin que mi abuela se diera cuenta, subí al ático y saqué el tren. Lo metí en el armario y cerré la puerta. Me fui a dormir, con una sonrisa en el rostro, pero me desperté con un grito. Mi abuela estaba en mi habitación, llorando. Tenía en la mano un tren de madera, pero no era mi tren. Era un tren viejo y roto. Me miró con una expresión de terror y me dijo: "Mi niño, ¿qué hiciste?". No entendí lo que pasaba hasta que mi abuela me contó la verdad. El armario no era solo un mueble viejo. Era un portal. En él, mi abuela guardaba el alma de su hermano, que había muerto de niño. El tren de madera que había metido en el armario era de mi tío, y el juguete que tenía mi abuela en sus manos era el tren de un niño que había desaparecido hacía muchos años. Mi abuela me dijo que la niña del armario era la misma que había tentado a su hermano, y que el tren que le di a ella había hecho que el espíritu de mi tío escapara. Y ahora, yo estaba en su lugar. Desde ese día, la niña del armario ya no me visita en mis sueños. Ahora, la veo en mi reflejo. Sonríe, como si me estuviera esperando. Y a veces, cuando estoy solo, escucho su voz. Me dice que tengo que abrir el armario y traer un juguete para poder salir. ¿Qué harían ustedes? ¿Le harían caso a la niña del armario? ¿Se atreverían a abrirlo?
