Siempre sentí que tenía un don para comunicar lo que hacía, especialmente a través de redes sociales. Por eso elegí la carrera de Comunicaciones: me atrajo lo amplia que es y las posibilidades que ofrece en distintos ámbitos, no solo en lo audiovisual, sino también en recursos humanos, branding, entre otros. Siento que la carrera me ayudó muchísimo, primero para descubrir qué era lo que realmente quería, y segundo, para aprender a comunicar el mensaje detrás de mis marcas. En el caso de Armonica, por ejemplo, no hubiera tenido el impacto que tuvo sin el apoyo de las redes sociales. Desde el inicio, uno de mis objetivos fue que todo lo que ofrecíamos fuera tan visual y estéticamente atractivo que las personas quisieran compartirlo espontáneamente. Y funcionó. Creo que fuimos de los primeros espacios en Lima donde la gente iba, tomaba fotos, las subía, y nosotros también las repostéabamos. Eso generó comunidad. Recuerdo que servíamos los panqueques en torre, con bolas de helado encima, y visualmente eso marcó la diferencia. Yo misma manejaba las redes tanto de la marca como de mi cuenta personal, y todo ese conocimiento vino de la formación que tuve como comunicadora. Saber cómo contar una historia, cómo conectar visualmente con el público, fue clave para el posicionamiento de Armonica.
