El Centro Cultural Sumaq Tusuy era el orgullo. Con pasión y talento, sus miembros llevaban la esencia de su cultura a cada presentación. Cuando fueron invitados al Festival de Puyas de Rey Mondy en Puno, se prepararon con esfuerzo y sacrificio, ensayando bajo la lluvia y sin descanso, soñando con dejar en alto el nombre de su pueblo. Pero el día del festival, una tormenta feroz amenazó con arruinarlo todo. Lluvia, granizo y viento golpeaban el escenario. Muchos pensaron en rendirse… pero Sumaq Tusuy no lo hizo. Con el corazón en alto, subieron al escenario empapados, decididos a bailar aunque el cielo se cayera. Y lo hicieron. Cada paso, cada giro, fue un grito de amor por su tierra. El público, conmovido, los aplaudió bajo la lluvia. En ese instante, la tormenta dejó de ser un obstáculo y se convirtió en parte del espectáculo. Cuando terminaron, no solo habían ganado el primer lugar, sino algo mucho más grande: el respeto y la emoción de todos los corazones presentes. Aquella tarde, Sumaq Tusuy demostró que la verdadera danza nace del alma, incluso bajo la tormenta.
