Te hice el amor tantas veces, que ya no sé si fueron sueños… o recuerdos. Cada vez, eras distinta,pero siempre igual de perfecta entre mis brazos hambrientos. Tu cuerpo se convirtió en mi idioma, y yo, en un hablante fluido del deseo. Recorrí tus senderos sin prisa ni miedo, como quien encuentra el paraíso… y no quiere volver. Fuiste fuego, fuiste calma,una mezcla de tormenta y caricia, y entre cada abrazo que temblaba en la noche, dejé pedazos de mi alma adheridos a la tuya. Y aún te deseo. Aún me falta más de ti. Porque tu nombre es un susurro que no se apaga, y tu ausencia, una sed que no se calma. Eres mi adicción disfrazada de ternura, mi dulce condena, mi necesidad sin cura. No puedo ni quiero dejar de pensarte, porque en ti… aprendí el arte de amarte. Y aunque el mundo nos mire sin entender, yo volvería a ti, una y otra vez. Porque no hay mayor dicha, que perderme en ti… sin límites, sin medida.
