Extrañar saber pausar, Avistar la señal al llegar al comienzo del fin. Prólogo: En las páginas que el lector sostiene se despliega un universo en el que la palabra se erige no solo como vehículo, sino como mapa y territorio. La poesía que aquí se propone es un acto arqueológico del lenguaje: una invitación a excavar y desenterrar capas de sentido que se ocultan a primera vista. Es un llamado a penetrar no solo en los estratos del significado, sino también a adentrarse en los túneles secretos del texto, esos pasajes subterráneos donde los nombres de ciudades y territorios permanecen ocultos, custodiados por el eco de las palabras. Estos nombres no aparecen explícitos, sino que laten velados en la sonoridad y el ritmo, como vestigios que el lector-explorador debe descubrir recorriendo las galerías silenciosas del poema. No se trata, por tanto, de descifrar un enigma, sino de habitarlo; de transitar un camino donde el misterio no se resuelve, sino que se revela a quien se atreve a una lectura activa, sensible y atenta.
