En el Guayaquil de antaño, cuando la noche era espesa y las calles callaban secretos, se decía que una mujer vestida de negro caminaba buscando a los hombres confiados. Quien la seguía, no volvía a ser el mismo. Así comenzó el destino de Pedro. Al amanecer, el pueblo entendió la lección.
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hace 2 días
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