Mi querida niña, hoy la vida te regala un día lleno de luz: tus XV años. Aunque mis ojos ya no puedan verte y mis brazos no puedan abrazarte, quiero que sepas que mi corazón siempre ha estado y estará contigo, en cada paso que des y en cada sueño que nazca en ti. Recuerdo cuando eras más pequeña y soñabas con este momento tan especial. Hoy te miro desde lo alto y sonrío, porque veo a la joven maravillosa en la que te has convertido: llena de ternura, de fuerza y de un brillo único que ilumina a quienes te rodean. Sé que me extrañas, y créeme, yo también te extraño. Pero quiero que, en lugar de tristeza, guardes en tu corazón la alegría de los momentos que compartimos. Cada risa, cada abrazo, cada palabra de cariño… todas esas memorias son mi manera de seguir viva en ti. Hoy comienzas una etapa nueva, donde la niñez se despide suavemente y la juventud toca tu puerta. No tengas miedo, sobrina hermosa: camina con confianza, porque dentro de ti llevas un alma grande, noble y capaz de lograr todo lo que se proponga. Cuando sientas dudas, recuerda lo valiosa que eres; cuando sientas miedo, recuerda que nunca estás sola, porque mi amor te acompaña siempre, como una estrella que nunca se apaga. Quiero regalarte un consejo desde el cielo: vive intensamente, con amor, con bondad y con fe. Valora a tu familia, cuida de tus sueños y nunca dejes de sonreír, porque tu sonrisa es una bendición para todos. Hoy, mientras bailes tu vals, imagina que entre las vueltas y la música, estoy a tu lado, tomándote de la mano y diciéndote al oído cuánto te quiero. Celebro contigo, mi niña, celebro tu vida, tu alegría y este hermoso comienzo. Nunca olvides que fuiste, eres y serás uno de mis más grandes tesoros. Te amo con todo lo que soy, y desde donde me encuentro, aplaudo tu camino y pido por ti cada día. Feliz cumpleaños número XV, reina de mi corazón. Brilla siempre, porque tú naciste para brillar.
