Mi adorada Xime, mi muñeca mayor: Hoy, el cielo se viste de gala para celebrar tu gran día. ¡Mi corazón rebosa de orgullo al verte convertida en una brillante doctora! Desde que eras una niña, supe que tenías la vocación y el talento para sanar y cuidar a los demás. Y hoy, ese sueño se ha hecho realidad. Me habría encantado estar ahí contigo, abrazarte con fuerza y susurrarte al oído lo inmensamente orgullosa que estoy de ti. Imagino tu sonrisa radiante, tu mirada llena de determinación, y sé que eres la viva imagen de la mujer fuerte y capaz que siempre soñé que serías. Desde aquí arriba, junto a tu abuelito, que también estaría celebrando contigo con una sonrisa de oreja a oreja, te envío todo nuestro amor y bendiciones. Imagino la fiesta que estaríamos armando, recordando anécdotas divertidas y brindando por tu futuro prometedor. Extraño tanto a mis tres muñecas, a ti, Regis y Reni. Cada una de ustedes ocupa un lugar especial en mi corazón, y aunque la distancia nos separe, mi amor las envuelve siempre. A mi Reina, Diannis, gracias por ser una hija ejemplar, por tu amor incondicional y por cuidar siempre de todos nosotros. También extraño mis peleas con Benito, ¡qué falta me hacen sus ocurrencias y su forma de hacerme reír! Los amo a todos incondicionalmente, con un amor que trasciende el tiempo y el espacio. Desde aquí arriba, los cuido y protejo, guiándolos en cada paso del camino. No olviden que siempre estoy con ustedes, celebrando sus triunfos y acompañándolos en los momentos difíciles. Xime, mi muñeca, vuela alto y cumple todos tus sueños. Eres una doctora excepcional, una mujer maravillosa, y estoy segura de que dejarás una huella imborrable en el mundo. Con todo mi amor, Su abuelita que las ama desde el cielo.
