Yo nunca le pido a Dios que me levante de esta silla de ruedas, solo le pido que me levante el alma cada día. Muchos ven una silla de ruedas, pero yo veo una oportunidad para aprender a valorar la vida desde otro ángulo. No necesito caminar para sentirme libre, porque mi fe me da alas que muchos ojos no pueden ver. Tal vez Dios permitió esto no para probarme a mí, sino para enseñarle a muchos que hay quienes caminan sin moverse y otros que, teniendo piernas, no llegan a ningún lado porque su corazón está paralizado.
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