Entran Sansón y Gregorio, de la casa de los Capuleto, armados con espada y escudo. Sansón: Gregorio, te juro que no vamos a tragar saliva. Gregorio: No, que tan tragones no somos. Sansón: Digo que, si no los tragamos, se les corta el cuello. Gregorio: Sí, pero no acabemos con la soga al cuello. Sansón: Si me provocan, yo pego rápido. Gregorio: Sí, pero a pegar no te provocan tan rápido. Sansón: A mí me provocan los perros de los Montesco. Gregorio: Provocar es mover y ser valiente, plantarse, así que, si te provocan, tú sales corriendo. Sansón: Los perros de los Montesco me mueven a plantarme. Con un hombre o mujer de los Montesco me agarro a las paredes. Gregorio: Entonces es que te pueden, porque al débil lo empujan contra la pared.
