Querida hija, Si estás leyendo esto, ya no podré abrazarte como antes, pero quiero que sepas que mi amor no termina con mi partida. Aunque mis manos ya no estén para secar tus lágrimas, mi corazón seguirá contigo en cada paso que des. Sé fuerte, mi niña. La vida a veces dolerá, pero dentro de ti hay una parte mía que nunca se apagará. No te rindas, incluso cuando todo parezca oscuro. Yo estaré a tu lado, cuidándote desde el cielo, guiando tus pasos y soplando en tu alma el valor que siempre vi en ti. Recuerda mis palabras, mis risas, mis abrazos, y deja que eso te dé fuerza cuando la tristeza te visite. Vive, ama, y haz todo aquello que soñamos juntas. Que cada logro tuyo sea también mío, porque mi orgullo por ti no tiene final. No me digas adiós, hija mía, solo di: “Hasta que volvamos a encontrarnos, mamá.” Con todo mi amor eterno, Mamá
