Cuando escuchamos “Inquisición”, muchos piensan en torturas, odio y castigos. Pero eso es solo una parte, y muchas veces está exagerada. La Iglesia no inventó la Inquisición por maldad. Lo hizo para defender la fe, en una época donde muchas ideas confundían a la gente. Jesús mismo enseñó a corregir con amor. Primero se habla, se escucha, y si no hay cambio, recién se actúa. Eso hizo la Iglesia. ¿Sabías que al inicio daban una oportunidad para confesarse sin castigo? Se llamaba edicto de gracia. No era todo fuego y castigo como dicen. Sí, hubo errores. Se usaron métodos duros. Pero en ese tiempo, todos los tribunales eran así, no solo los de la Iglesia. Y lo más importante: la Iglesia lo reconoció. Juan Pablo II pidió perdón. Eso habla de humildad. Yo no niego el pasado. Pero lo entiendo con fe y verdad. Y por eso, me siento parte de esta Iglesia que, aunque humana, busca siempre el bien.
