IMPULSO VOZ MARIEL

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@MARCO SOSA
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Capítulo 1 – La ciudad que nunca calla A veces, la ciudad parecía un monstruo gigante que no dormía. Un monstruo lleno de bocinas, pasos apurados, luces de semáforos eternamente confundidos y vendedores que gritaban más fuerte que el cansancio. En medio de ese caos ordenado, caminaba ella: auriculares puestos, mochila al hombro, mirada al frente. La música de Billie Eilish era su escudo invisible. A veces le ponía volumen a Kenia Os, cuando necesitaba un recordatorio de que podía con todo. Porque claro que podía. Su nombre era Alma. No porque fuera su verdadero nombre —ese quedará guardado entre las líneas—, sino porque era justo eso: alma pura, alma fuerte, alma terca cuando se trataba de sus sueños. Vivía con sus padres, un hermano menor que era experto en arruinar sus momentos de silencio, y un hermano mayor que cada que podía la molestaba, pero ella nunca se dejaba, y una abuela que creía firmemente que el café cura cualquier pena. Trabajaba medio tiempo haciendo su servicio social en un edificio gris del gobierno, lleno de carpetas, sellos, y gente que hablaba sin decir mucho. Pero Alma escuchaba. A veces escribía frases que oía al pasar, como si fueran piezas de un rompecabezas que aún no sabía dónde encajaban. —Hoy me dijeron que tengo "madera de líder", pero me dieron para archivar expedientes hasta 2084 —le escribió por mensaje de voz a una de sus amigas mientras esperaba el bus. —Tú guarda todo, que cuando seas presidenta, eso será material de biografía —le respondió Sofi, la más dramática del grupo. Sus cinco amigas eran su brújula emocional. Juntas eran como un GPS con cinco destinos distintos, pero el mismo punto de partida: querían más de la vida. Ese día, sin saberlo, Alma estaba a punto de torcer el rumbo. No porque fuera su plan, sino porque a veces los planes más importantes no los hacemos nosotros… los hace la vida. Pero aún no lo sabía. En ese momento solo pensaba en tres cosas: que le dolían los pies, que el sueldo de ese mes no le alcanzaba ni para un concierto pequeño, y que le urgía llegar a casa a terminar el libro que la tenía atrapada. Lo que no sabía era que, muy pronto, estaría viendo a una de sus artistas favoritas cantar frente a miles de personas… en un país que nunca pensó visitar.

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