Hijos míos, aunque ya no esté físicamente con ustedes, mi amor los acompaña siempre. Aunque no me vean, siempre estoy en su corazón. Ámense y cuídense, porque la unión es su mayor fuerza. Sean fuertes, cuiden unos de otros y nunca olviden que la verdadera riqueza está en la bondad y en la unión familiar. La vida se construye con paciencia y bondad; caminen con fe y nunca pierdan la esperanza. Mi abrazo vive en ustedes. Sean valientes, agradecidos y recuerden que el amor que les di nunca se acaba. La verdadera riqueza está en la familia y en la paz interior. No se aparten de esos caminos. Vivan con gratitud y sigan adelante con valentía, porque mi corazón siempre los guía. Yo me despido con serenidad, sabiendo que ustedes seguirán adelante con luz y fortaleza. Me llamo Rosa Etelvina Nicoya, madre orgullosa de siete hijos: - Álvaro - Mari - Patricia - Lesther - Rony - Erving y - Geovany Me despido con cariño, junto a mis siete hijos.