Pame… Ey, mi hermana, ¿cómo estás? Ya sé que a veces te cuesta, que hay días en los que sientes que todo se te viene encima, que quisieras tenerme ahí cerquita pa’ echarte una mano, o solo pa’ reírnos como antes… Pero quiero que sepas algo, y escúchame bien: yo sigo contigo, siempre. Desde acá arriba te miro, te cuido, y créeme, me lleno de orgullo al verte seguir. Porque sí, a veces te caes, pero siempre te levantas, aunque llores, aunque duela. Y eso, Pame, eso vale muchísimo. No te rindas, wee. Tú puedes con todo lo que se te ponga enfrente, nomás acuérdate de quién eres. Eres fuerte, eres buena, y tienes un corazón enorme, uno de esos que ya no se ven. Y aunque la vida te dé golpes, tú échale ganas, ¿sí? Hazlo por ti, por los que te aman… y también por mí. Cuando te sientas sola, cierra los ojos tantito. Respira… Y ahí voy a estar, cerquita, dándote ese empujoncito que te hacía falta. No te detengas, hermana. Sigue viviendo, sigue riendo, sigue soñando. Porque verte feliz es lo único que quiero. Te amo, Pame. Y desde acá, te prometo, no hay un solo día que no te cuide.
