A solo una cuadra del estadio de vallecas, en el corazón vibrante de Madrid, descubrí un lugar donde el tiempo se detiene y la tradición cobra vida. El Cortijo no es solo un tablado flamenco, es una experiencia que se siente desde el primer paso al cruzar su puerta. El ambiente es cálido, íntimo, casi mágico. Las luces tenues envuelven el espacio mientras suena la guitarra afinándose, anunciando que algo especial está por comenzar. De pronto, el escenario se llena de fuerza y elegancia: las bailarinas de flamenco marcan el ritmo con su zapateo, y los músicos en vivo —entre palmas y cajón— hacen latir el corazón al compás del arte andaluz. Entre acto y acto, llegan las tapas. Sabores auténticos, intensos, profundamente españoles. Cada plato es una pausa perfecta para disfrutar, observar y dejarse llevar por la atmósfera del lugar. Aquí no solo se mira un espectáculo, se vive. Se aplaude, se sonríe, se conecta con la esencia de España. Y al salir, uno no se va con las manos vacías, sino con un recuerdo folclórico y una emoción difícil de olvidar. Si estás en Madrid, regálate esta experiencia. Visita El Cortijo… y llévate un pedacito del alma española contigo…
