Respiro profundo… Inhalo la vida… y exhalo cualquier tensión que no me pertenece. Mi cuerpo descansa, pero mi conciencia despierta. Visualizo un camino frente a mí. Un camino hecho de todas las elecciones que me trajeron hasta aquí. Cada paso es un proyecto creado, un sueño construido, una apuesta por mi vida. Siento… que estoy caminando sobre mi propia obra. La abundancia no es dinero. Es mi capacidad de crear. De transformar. De dar valor. Ahora, detrás de mí… aparece mi madre. Su voz viene desde muy atrás, desde otras mujeres antes que ella, mujeres que asociaron la abundancia con peligro, con culpa, con pecado. Ella… desde el amor… me decía: “Juan Fernando, no pienses en el dinero, el dinero es malo, hace daño.” Porque para ella, sobrevivir fue una hazaña. Me acerco al corazón de mi madre y la miro con compasión. En su mano derecha, ella sostiene una llave dorada. La llave del permiso. La escucho decir ahora, con una voz nueva, más libre, más consciente:
