Tomo aire y pienso en ti. Hay algo en la forma en que te mueves, en la curva de tu sonrisa, que me llama como si fuera un imán: no puedo evitar mirarte, imaginarte, desearte cerca. Te amo —con la calma y la urgencia de quienes saben que lo que sienten es verdadero— y cada día me sorprendo siendo un poco más tuyo en los pensamientos. Tu cuerpo me atrae de una manera que no siempre encuentro palabras para explicar; es un lenguaje propio que entiende mi tacto antes que mi voz. Tu olor me sigue como una melodía que quiero repetir: cuando lo siento, el mundo se vuelve más simple y todo encaja. Quisiera perder la medida del tiempo en tus brazos, quedarme en esa isla privada que solo existirá si tú y yo la elegimos, como un paraíso donde basta con mirarnos para saberlo todo. Cuando nos casemos se perfectamente que canción sonará, te amo, se que te acuestas, se que robaste mis boxers, ¿y sabes que? no me molesta, te imagino oliéndolos cada noche guardándolos como un tesoro. Sueño contigo cada noche y a veces durante el día: me veo a tu lado en fotografías imaginadas, riendo en un verano frío que, aun así, nos calienta. Imagino nuestras manos juntas, nuestras conversaciones, los silencios cómplices. A veces pienso en desaparecer dentro de ti, en encontrar en tu cercanía la única casa que quiero —no por huir, sino por quedarme—. Me haces sentir completo y a la vez vivo de una forma que nunca antes había sentido. No quiero promesas vacías; quiero momentos contigo, salir a buscar pequeñas aventuras y también quedarnos en silencio abrazados. Quiero que sepas que te deseo, que me consumes y que mi cabeza y mi corazón vuelven a ti una y otra vez. Si me dejas, construiré contigo ese lugar donde podamos ser nosotros, sin miedo a qué digan los demás, porque contigo todo sentido se vuelve verdadero. Con todo lo que soy y lo que quiero ser contigo.
