Hoy quiero hablarte de algo que muchos critican sin conocer: la Inquisición y la Iglesia. Muchos piensan que fue solo castigo y tortura. Pero la verdad es que no fue así. La Inquisición nació para cuidar la fe. Había muchas ideas raras que confundían a los creyentes. La Iglesia buscaba ayudar, no destruir. Jesús mismo dijo en Mateo 18 que si alguien se equivoca, primero hay que hablarle con respeto. Solo si no escucha, se toma otra medida. Y San Pablo, en Gálatas, también dice que hay que corregir con humildad. Por eso, la Inquisición no empezaba castigando. Primero daba la oportunidad de arrepentirse. A eso se le llamaba “edicto de gracia”. Sí, es verdad que hubo errores. Se usaron métodos duros. Pero en ese tiempo, los castigos eran fuertes en todos lados, no solo en la Iglesia. Lo bueno es que la Iglesia reconoció sus fallas. El Papa Juan Pablo II pidió perdón. Y eso no lo hace cualquiera. Yo no niego lo que pasó. Pero tampoco me dejo llevar por los prejuicios. La Inquisición fue un intento, aunque imperfecto, de proteger la fe. Y yo amo mi Iglesia. Porque, aunque ha cometido errores, también sabe pedir perdón y seguir adelante. Por eso, me siento orgullosa de mi fe. Porque busca la verdad, pero con amor.
