a vida no es un camino suave ni un escenario perfecto. La vida es una pelea constante, y tarde o temprano todos recibimos golpes. A veces es perder un trabajo, otras veces un sueño que se rompe, una relación que no funciona o simplemente sentir que nada avanza. Y cuando esos momentos llegan, te tambaleas, porque no lo esperabas, porque no lo merecías, y aun así pasó. Pero déjame decirte algo: nadie escapa de los golpes de la vida. El problema no es recibirlos, el verdadero problema es cuando dejas que esos golpes te hagan quedarte tirado. Mucha gente se rinde en ese punto. Dicen “ya no puedo más”, “esto no es para mí”, y permiten que el dolor defina quiénes son. Pero la verdad es que cada golpe trae consigo una oportunidad: la oportunidad de levantarte, de demostrarte a ti mismo que no eres débil, que no eres víctima, sino alguien capaz de seguir adelante. No importa cuántas veces caigas, lo que importa es cuántas veces decides levantarte. Porque la vida no se trata de ser invencible, se trata de ser resistente. Y ahí empieza tu verdadera fuerza.
