El helicóptero nos sacó del puente, sí… pero no fue un final feliz. El ejército nos metió en una base, nos pinchó, nos miró como si fuéramos bombas de tiempo. Inmunes, pero portadores. No la cura. Solo otro maldito problema. No iba a dejar que nos encerraran. Así que escapamos. Coach entendió, Rochelle se cargó de todo lo útil, y Ellis… bueno, cumplió su sueño de robar un jeep militar. De nuevo, solos en la carretera. Conocimos a otros como nosotros. Perdieron a un viejo, Bill. Un héroe, según ellos. Eso me enseñó que hasta los más duros caen. Al final nos separamos, porque en este mundo nada dura. Rochelle escribe, Ellis sonríe, Coach mantiene la fe. Y yo… yo aprendí a confiar en ellos, aunque nunca lo diga. El futuro es incierto. Quizá encontremos un refugio, quizá no. Pero entendí algo: la verdadera cura no estaba en la sangre… estaba en seguir juntos
