Javier Alejndro
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Título del episodio: Un destino asegurado Versículo base: "Porque el Señor mismo, con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros, los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor." (1 Tesalonicenses 4:16-17) Introducción personal Antes de comenzar con la reflexión de hoy, quiero compartirte algo muy personal. Tal vez notes algo diferente en mi voz —sí, es cierto—. Estoy en recuperación tras una cirugía nasal, y esta experiencia me dejó una enseñanza muy profunda. Durante el procedimiento, mientras estaba bajo anestesia general, no pude evitar pensar en la muerte. No con miedo, sino con paz. Pensé: ¿Y si algo sale mal? ¿Y si no despierto? Y sentí una tranquilidad inexplicable, porque sé cuál es mi destino. Si ese hubiera sido mi último aliento aquí, el siguiente momento habría sido abrir mis ojos para ver a Jesucristo cara a cara. Esa certeza —que no viene de mí, sino de Él— es lo que me sostiene y lo que quiero compartir contigo hoy. Reflexión La muerte no es el final. Pero esto solo es cierto si estamos en Cristo. La Palabra nos muestra que llegará un momento glorioso: Jesús vendrá por los suyos, con poder y autoridad, y levantará a los muertos que le pertenecen. Él mismo lo dijo: "Vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis" (Juan 14:3). ¿Quiénes son esos “suyos”? Aquellos que han aceptado su obra redentora, que han reconocido que no pueden salvarse por sí mismos, y han rendido su vida para seguir sus pasos. Aquellos que han creído, obedecido y caminado con Él. Cuando eso ocurre, la muerte no es una tragedia, sino un paso. Un paso hacia una eternidad gloriosa. Una eternidad que comienza con una decisión aquí y ahora. Algo que puedo hacer hoy Hoy puedo tomar una decisión que asegure mi eternidad. Hoy puedo entregar mi vida a Jesús, confiarle mi destino, y comenzar a vivir en esperanza. Preguntas de autoevaluación ¿Estas viviendo como alguien que pertenece a Cristo? ¿Qué evidencia de esa decisión hay en tu vida cotidiana? ¿Estas preparado para abrir los ojos en la eternidad? Acción del día Tómate unos minutos hoy para orar y confirmar en tu corazón dónde está tu confianza. No dejes pasar más tiempo: decide por Cristo hoy. Oración Señor, gracias porque en ti la muerte no tiene la última palabra. Gracias por tu promesa de vida eterna, por la certeza de que vienes por los tuyos. Hoy quiero ser parte de esos tuyos. Me entrego a ti, me rindo a ti, y te pido que escribas mi nombre en tu Libro de la Vida. Hazme vivir como quien tiene su destino asegurado contigo. En el nombre de Jesús, amén.