Queridos estudiantes, hoy cerramos un capítulo que empezó con ruido de herramientas, olor a aceite y esas primeras dudas de “¿será que sí puedo?”. Pues mírense ahora… claro que pudieron. En este taller —que a veces parecía más una zona de guerra que un aula— aprendimos más que mecánica. Aprendimos disciplina, paciencia, respeto, carácter… y sí, también que una tuerca mal apretada puede arruinarte todo el día. Como siempre les digo ser técnico no solo es cambiar piezas si no como hacerlo. Esta carrera tiene una visión hacia adelante: la tecnología, lo eléctrico, lo híbrido, lo digital… ustedes son la nueva generación de técnicos que no se queda atrás. Me siento orgulloso de ver cómo se desarrollaron: — De no saber cómo agarrar una llave, a diagnosticar como profesionales. — De temerle al sistema eléctrico, a explicarlo como si fuera pan con mantequilla. — De llegar tarde… bueno, eso algunos todavía lo están trabajando, pero vamos para adelante. Hoy no es un adiós triste, sino un “nos seguimos viendo”. Porque ustedes se llevan algo que nadie les puede quitar: su oficio, su actitud y sus ganas de comerse el futuro. Sigan con esa mezcla rara pero poderosa: humildes, pero seguros; curiosos, pero disciplinados; tradicionales, pero futuristas; respetuosos, pero con la chispa que los caracteriza. Recuerden esta línea, que se la dejo como mantra de vida: “Un buen mecánico no solo arregla motores; también aprende a mantener en marcha su propio camino.” Gracias por permitirme ser parte de su viaje. Gracias por las risas, las preguntas, los enojos, las dudas, las victorias y, sobre todo, por demostrar que sí se puede. Muchachos… Cierren este ciclo con la frente en alto. Arranquen el siguiente con el motor encendido. Y si un día sienten que algo no funciona… ya saben: abran el capó, revisen, ajusten y sigan adelante. Felicidades, futuros técnicos. El camino es suyo.
