Voz de un hombre anciano y sabio, aproximadamente de 70 a 85 años.
Timbre: grave, cálido y ligeramente áspero.
Ritmo: lento, ceremonial y seguro.
Actitud: habla como quien transmite una verdad antigua.
Emoción: contenida; nunca teatral ni exagerada.
Pronunciación: clara, con especial cuidado en los nombres yoruba.
Pausas: respetar los silencios indicados.
Música: percusión profunda, respiraciones ambientales, coro distante y texturas cósmicas.
Velocidad sugerida: entre 90 y 105 palabras por minuto.
[p] Cuando el mundo era joven, [p] y los Olodumare tejían el destino de estrellas y hombres, [p] hubo un tiempo de [emphasis] gran silencio. [p] De ese silencio [p] nació [emphasis] Olorun, [p] el Dueño del Cielo, [p] el que respira la vida en cada amanecer. [p] Susurros de creación viajaron por los vientos [p] y el eco de su voz aún resuena en las montañas sagradas de [emphasis] Ife. [p] Recuerden, [p] hijos míos, [p] que antes de la luz, [p] hubo la [emphasis] esencia. [p]