En Pehuajó me lo dieron
unas manos generosas;
más vale que no presagie
que vuelve el tiempo de Rosas.
La empuñadura sin cruz
es de madera y de cuero;
abajo sueña su oscuro,
sueño de tigre el acero.
Soñará con una mano
que lo salve del olvido;
después vendrá lo que el hombre
de esa mano ha decidido.
El puñal de Pehuajó
no debe una sola muerte;
el forjador lo forjó
para una tremenda suerte.
Lo estoy mirando, preveo
un porvenir de puñales
o de espadas (da lo mismo)
y de otras formas fatales.
Son tantas que el mundo entero
está a punto de morir.
Son tantas que ya la muerte
no sabe dónde elegir.
Duerme tu sueño tranquilo
entre las tranquilas cosas,
no te impacientes, puñal.
Ya vuelve el tiempo de Rosas.
En el laberinto del tiempo, cada instante es eterno y fugaz, como páginas de un libro infinito que todos leemos sin comprender. Los espejos multiplican nuestra existencia, pero los sueños, esos fieles bibliotecarios de la memoria, guardan la verdadera historia.