Voz Conversacional Clara
Axel Noé Juárez HernándezによるMi princesa…
Si hoy pudiera estar ahí, lo primero que haría sería abrazarte muy fuerte, darte un beso en ese cachete que tanto te besaba aunque después me dijeras riéndote: “¡Papá, su barba me pica!”. Daría cualquier cosa por volver a escuchar tu risa una vez más.
Desde aquí, donde Dios me tiene, he visto cómo has crecido. Y aunque ya no he podido caminar a tu lado como antes, nunca he dejado de acompañarte. Siempre he estado cerquita de ti, cuidándote en silencio.
Hoy cumples quince años, y no sabes cuánto soñé con este momento. Me imaginaba verte con tu vestido, tan hermosa, con esa sonrisa que siempre iluminaba mis días. No puedo negar que me hubiera gustado tomarte de la mano y llevarte a bailar, mirarte a los ojos y decirte lo orgulloso que me siento de la mujer en la que te has convertido.
¿Te acuerdas cuando te montaba en el lomo de las vacas y tú simulabas que eras quien las iba montando? Te sentías la más valiente del mundo, y yo disfrutaba viéndote tan feliz. Esos momentos quedaron grabados para siempre en mi corazón.
También recuerdo cuando me acompañabas a la finca a cortar café. Te gustaba seguirme por todos lados y querías hacer lo mismo que yo. No importaba si ayudabas mucho o poquito; con tenerte a mi lado, el trabajo se hacía más ligero.
Y cómo olvidar cuando te cargaba de caballito y me pedías que no te bajara todavía. Si hubiera sabido que esos momentos se iban a volver recuerdos tan valiosos, te habría cargado un rato más.
Todavía me río al acordarme de aquella vez que fuimos por leña en la moto y terminamos en el suelo. Yo esperaba que me ayudaras a levantarme… pero saliste caminando y me dejaste tirado. Así eras tú, tan inocente y tan traviesa, que hasta en los momentos difíciles lograbas sacarme una sonrisa.
También me acuerdo de aquella vez que estábamos en las barras y tu mamá se fue un momento a platicar con tu tía. Tú empezaste a llorar porque querías irte detrás de ella y, en medio del llanto, terminaste cayéndote. Perdóname, hija, porque primero me dio risa y después corrí a levantarte. Hoy daría cualquier cosa por volver a vivir un instante así contigo.
Hija, quiero que cuando mires al cielo no pienses que me fui. Piensa que solo cambié de lugar. Porque el amor de un papá nunca se acaba; ni siquiera la muerte puede borrarlo.
Cuando sientas que la vida pesa, cuando tengas miedo o cuando te haga falta un abrazo, cierra tus ojos. Ahí voy a estar. Tal vez no puedas verme, pero siempre voy a cuidar de ti.
No llores porque hoy no puedas verme sentado entre los invitados. Mejor sonríe, porque cada sonrisa tuya también ilumina el cielo. Yo soy feliz viéndote cumplir tus sueños.
Prométeme que vas a vivir con alegría, que nunca vas a dejar de luchar por lo que quieres y que siempre llevarás en tu corazón los valores con los que creciste. Sé una mujer buena, fuerte y humilde, porque esa será la mejor manera de honrar mi memoria.
Y nunca olvides esto: aunque hoy no pueda tomarte de la mano para bailar tu vals, cada paso que des estará acompañado por mi amor.
Feliz cumpleaños, mi niña. Felices quince años.
Te amé desde el primer instante en que llegaste a mi vida, te amo desde el cielo y te amaré por toda la eternidad.
Con todo mi amor,
Tu papá.