Mi mona hermosa,
Sé que no puedes verme, pero no me he ido del todo. Dejé una partecita de mi alma cosida al fondo de tu corazón para acompañarte siempre. Hoy no quiero que llores, quiero que estés muy feliz por esa nostalgia bonita que solo deja el amor verdadero, ese que ni la muerte puede apagar.
Te miro desde este lugar de paz y te veo extrañándome, pero quiero que recuerdes cómo se sentían mis abrazos, la tibieza de mis manos y el orgullo inmenso que siempre sentí al verte crecer. Tú fuiste y seguirás siendo una de las alegrías más grandes de mi vida.
No quiero que lleves mi ausencia como un peso triste, sino como el recuerdo dulce de que en esta tierra hubo una abuela que te amó con todas las fuerzas de su ser. Cuando sientas que te falta el aire o que me extrañas demasiado, busca en tu pecho y háblame, que yo te estaré escuchando y cuidando cada uno de tus pasos.
Sigue adelante, mi mona, sé feliz, vive bonito y no olvides nunca cuánto te amo.
Feliz cumpleaños mi mona hermosa.