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بواسطة Kimberlin CalderonHoy contaré uno de los casos más crueles de la historia criminal en Japón.
Se trata del caso de Junko Furuta, una joven estudiante cuya vida fue arrebatada de la forma más brutal. Una tragedia que duró 44 días.Este caso también es conocido como “el asesinato de la estudiante en cemento”, debido a la manera en que fue encontrado su cuerpo. Un crimen que no solo estremeció a Japón, sino que quedó grabado en la memoria colectiva mundial.
Junko Furuta nació el 18 de enero de 1971. Vivía con su familia en Misato, prefectura de Saitama.Era una chica aplicada, buena estudiante, trabajaba a tiempo parcial para ahorrar dinero y poder ir a su viaje de graduación. Muchos la describían como una joven alegre, responsable y con grandes planes para el futuro.
El 25 de noviembre de 1988, mientras regresaba en bicicleta de su trabajo, Junko fue interceptada por cuatro jóvenes: Hiroshi Miyano, Shinji Minato, Jō Ogura y Yasushi Watanabe.
Uno de ellos, Miyano, la engañó. Se ofreció a acompañarla a casa, pero en lugar de eso, la llevó a un almacén… y ahí comenzó la pesadilla.
Junko fue llevada a la casa de uno de los agresores, donde estuvo 40 días retenida.
Durante ese tiempo, sufrió torturas indescriptibles. Violaciones múltiples, golpes, quemaduras con cigarrillos… incluso mutilaciones.
Se estima que más de 100 personas participaron en los abusos. Un nivel de crueldad y deshumanización que resulta difícil de imaginar.
Finalmente, el 4 de enero de 1989, tras una brutal paliza y haber sido incendiada mientras aún estaba con vida, Junko murió alrededor de las 10 de la mañana.
Menos de 24 horas después, los asesinos envolvieron su cuerpo en una manta, lo metieron dentro de un tambor metálico y lo rellenaron con cemento.
Ese tambor fue abandonado en un terreno baldío. Meses después, el 29 de marzo de 1989, la policía lo encontró. El cuerpo fue identificado gracias a sus huellas dactilares.
Los cuatro principales responsables fueron arrestados, así como otros cómplices que participaron o fueron cómplices silenciosos.
A pesar de lo atroz del crimen, los culpables fueron juzgados como menores de edad. Esto resultó en condenas consideradas muy leves.
El juez describió el caso como “excepcionalmente grave y atroz”. Durante la lectura del veredicto, un espectador se desmayó en la sala, y la madre de Junko colapsó emocionalmente.
El caso de Junko Furuta es considerado uno de los peores crímenes juveniles de la historia de Japón.