Raula
بواسطة Raul AraquePRÓLOGO
Hay vidas que transcurren como ríos mansos, siguiendo un cauce predecible desde su nacimiento hasta su desembocadura. La mía no ha sido una de ellas. Mi existencia se ha parecido más a un río de montaña: a veces sereno, otras veces turbulento, con cascadas inesperadas, remansos de paz y corrientes que me han llevado a lugares que jamás imaginé visitar.Estas páginas que tienes entre tus manos no pretenden ser un simple recuento cronológico de hechos. Son, más bien, el mapa de un corazón que ha amado intensamente, que ha sangrado profundamente, que ha conocido la traición y la lealtad en sus formas más puras. Un corazón que, a pesar de todo, sigue latiendo con la esperanza intacta de quien se niega a dejar de creer en la bondad humana.Nací en Buga, crecí en Tuluá, y mi alma se expandió en cada rincón de Colombia que tuve la fortuna de conocer. Desde los valles verdes del Valle del Cauca hasta las playas doradas de Cartagena, cada lugar ha dejado su huella en mí, moldeándome como el agua moldea la piedra: con paciencia, con persistencia, a veces con violencia.
No escribo estas memorias buscando justificación ni absolución. Las escribo como un acto de liberación, como quien abre las ventanas de una habitación cerrada durante demasiado tiempo para que entre la luz y el aire fresco. Las escribo también como un testimonio de que es posible sobrevivir a las heridas más profundas —tanto las infligidas por otros como las autoinfligidas— y encontrar, en medio del dolor, razones para seguir adelante.He conocido el amor en sus múltiples formas: el amor maternal que me sostuvo en la infancia, el amor romántico que me elevó y me destruyó, el amor de amistades que han permanecido firmes cuando todo lo demás se derrumbaba. He aprendido que el amor, como el agua, puede ser fuente de vida o causa de ahogamiento, dependiendo de su pureza y de nuestra capacidad para nadar en él.En este viaje, he tenido la fortuna de encontrar almas que iluminaron mi camino cuando la oscuridad parecía impenetrable. A Edgar John Fredy Jaramillo, quien me abrió las puertas al maravilloso mundo del adiestramiento canino, enseñándome no solo técnicas sino también la profunda conexión que puede existir entre humanos y animales. Sus enseñanzas se convirtieron en mi profesión y, más importante aún, en una fuente constante de sanación y propósito.
A Néstor Méndez, confidente de tantas noches de incertidumbre, quien escuchó sin juzgar y aconsejó sin imponer, ofreciéndome un espejo donde podía verme con claridad cuando mi propia visión estaba nublada por el dolor o la confusión. Su paciencia y sabiduría fueron faros en momentos de tormenta.A Hernán Orozco, que ya descansa en paz, pero cuya amistad verdadera permanece viva en mi memoria. En un mundo donde la lealtad escasea, él encarnó esa virtud que tanto valoro, demostrando que la amistad auténtica trasciende incluso la muerte. Su recuerdo me acompaña como una presencia silenciosa pero constante.A César Augusto Pérez y su tía Hidalba, quienes me tendieron la mano cuando el suelo se desmoronaba bajo mis pies. En mi peor crisis económica, cuando muchos dieron la espalda, ellos apostaron por mí, ofreciéndome no solo ayuda material sino algo infinitamente más valioso: la confianza en que podría levantarme nuevamente. Su generosidad me enseñó que la verdadera riqueza no se mide en pesos sino en gestos de humanidad.
A lo largo de estas páginas encontrarás momentos de luz y de sombra, decisiones de las que me enorgullezco y otras que, si pudiera, borraría sin dudar. Encontrarás la historia de un hombre que ha cometido errores, que ha confiado cuando no debía y que ha dudado cuando debía creer. Un hombre que ha buscado incansablemente su lugar en el mundo y que, quizás, lo ha encontrado en la sencilla pero profunda tarea de ser auténtico.Mi vida ha estado marcada por cicatrices visibles e invisibles. Cinco balas en mis piernas me recordaron la fragilidad de la existencia; un accidente de moto me llevó al borde del abismo; la traición de quien amaba me enseñó sobre la naturaleza humana más de lo que hubiera querido aprender. Pero también he conocido la mano firme de la amistad verdadera, como la de Andrés, que me sostuvo cuando mis propias fuerzas flaqueaban; la alegría simple de conectar con un animal durante mi trabajo como adiestrador canino; el consuelo infinito que solo un buen libro puede ofrecer.¿Cómo olvidar a Carolina Fernández Prada, mi "amiga loca", cuya irreverencia y espontaneidad trajeron color a mis días grises? Su capacidad para encontrar humor en las situaciones más absurdas me recordó que la vida, con todas sus tragedias, también tiene momentos de comedia que debemos saborear. Su locura fue siempre un antídoto contra la seriedad excesiva que a veces amenazaba con ahogarme.O a Luz Dari Serna, cuya gentileza fue bálsamo para mis heridas durante mi tiempo en Zarzal. En momentos de soledad y desamparo, su presencia tranquila y su consuelo sincero fueron como un oasis en el desierto, recordándome que la bondad humana existe, a veces en los lugares más inesperados.
No puedo dejar de mencionar a quienes me enseñaron sobre el amor romántico, con sus alegrías y dolores. A Germán Enrique Jazmín, que ya no está entre nosotros pero que fue mi primera pareja, con quien descubrí las complejidades del amor entre hombres en una sociedad que aún no estaba preparada para aceptarlo. Y a John Jairo Jiménez, quien ocupó mi corazón antes de la tormenta que representaría Wilford, dejando huellas de ternura que el tiempo no ha podido borrar.No sé si esta historia te resultará extraordinaria o común. Quizás encuentres en ella ecos de tu propia experiencia, o tal vez te parezca tan ajena como un país que nunca has visitado. En cualquier caso, te invito a recorrerla con la mente abierta y el corazón dispuesto, como quien se adentra en un territorio desconocido: con curiosidad, sin prejuicios, atento a los detalles del paisaje.Al final, todos somos narradores de nuestra propia historia, eligiendo qué capítulos destacar y cuáles dejar en la penumbra. Esta es mi versión, mi verdad, contada desde la perspectiva de quien ha vivido lo suficiente para saber que no existen verdades absolutas, solo experiencias que nos transforman y nos definen.Bienvenido a mi vida, a mis recuerdos, a mis reflexiones. Bienvenido a este viaje que comenzó en 1964 en una pequeña ciudad del Valle del Cauca y que continúa hasta hoy, escribiéndose día a día, con la tinta indeleble de las experiencias vividas y las lecciones aprendidas.
Este libro es mi legado, mi testimonio, mi forma de decir: "Estuve aquí, amé, sufrí, caí, me levanté, y en el proceso, descubrí quién soy realmente". Y en este camino, no estuve solo. A todos los que caminaron conmigo, aunque sea por un tramo del sendero, mi gratitud eterna por las huellas que dejaron en mi alma.
Y un saludo final a mi prima Luisa Araque, por ella es que me puse a recoger toda esta amalgama de historias.
Raul Araque
Tuluá valle Colombia -junio 7 2025