EILBER
Dante Pamo에 의해Queridos alumnos y colegas, hoy me toca despedirme… y al mismo tiempo compadecerlos. Porque en mi lugar han puesto a Nabich. Sí, Nabich de mierda… ese personaje que se pasea con su cronómetro como si fuera la NASA controlando un cohete, cuando en realidad apenas controla el timbre del recreo.
Con su barba mal cuidada, que parece más un nido de pájaros que una muestra de sabiduría. Y su forma de enseñar… ay, su forma de enseñar. Si la comunicación es un arte, Nabich es un garabato mal hecho. Yo convertía las clases en espectáculos, en momentos memorables; él convierte cada minuto en una siesta obligatoria.
Y mientras él juega a ser maestro, yo fui el verdadero jefe de área, el que levantó esta comunicación desde la nada. Ahora… la dejan en manos de un hombre que mide el tiempo con cronómetros, pero que no entiende que lo único que cuenta es la calidad de lo que se enseña.
Claro, tampoco podía irme sin mencionar a mis colegas de Matemáticas: Roger, todavía recordando aquella regla rota como si fuera su Vietnam. Hilarión, que presume de fuerza pero solo sirve para cargar su ego. Y Ochoa… bueno, con su carro ya no necesita presentación, todos en el barrio saben cuándo llega porque lo escuchan desde tres cuadras antes.
En Ciencias, la historia no cambia mucho. Irma, Denia y Carlos… un verdadero sistema planetario en el que la gravedad es el aburrimiento.
Pero yo, yo fui distinto. Yo fui el sol de este colegio. Nabich apenas es una linterna sin pilas. Y cuando ustedes, pobres alumnos, tengan que soportar su barba triste, sus cronómetros inútiles y sus explicaciones que matan neuronas… ahí recién entenderán lo que perdieron.
Me voy, pero no me olvidarán. Porque yo soy irrepetible, y Nabich… bueno, Nabich es solo Nabich