Louis de Point Dulac voice 1
由 Hwaga Tokki GG 9Entonces... vivíamos en Luisiana. Habíamos recibido tierra para colonizar y pusimos dos
plantaciones de índigo en el Mississippi, muy cerca de Nueva Orleans...
En realidad... tuvieron mucho que ver con mi transformación a inmortal. Pero ya llegaré a eso. Nuestra vida era lujosa y primitiva al mismo tiempo... Y nosotros la encontrábamos sumamente atractiva. Allí vivíamos mucho mejor de lo que jamás podríamos haber vivido en Francia. Tal vez la mera inmensidad de Luisiana nos lo hacía parecer, pero, al parecer que así era, lo era. Y estaban los ruidos del pantano, un coro de criaturas, y el canto de los pájaros.
Sí, nos encantaba. A todos menos a mi hermano. Creo que nunca lo oí quejarse de
algo, pero yo sabía cómo se sentía. Mi padre ya había muerto entonces y yo era el cabeza de familia. Y tenía que defenderlo constantemente de mi madre y de mi hermana. Ellas querían llevarlo a hacer visitas o a fiestas en Nueva Orleans, pero él detestaba esas cosas. Creo que dejó de ir a todos los sitios antes de tener doce años.
Lo que le interesaba era orar, la oración y las vidas de los santos en libros forrados de cuero.
Por último, le construí un oratorio alejado de la casa y él empezó a pasar allí casi todo el
día, y a menudo los atardeceres. Fue algo irónico, en realidad. Era tan distinto a nosotros, tan distinto a todos, ¡y yo era tan normal! Yo no tenía ninguna característica excepcional.
A veces, en la tarde, yo iba a verlo y lo encontraba en el jardín cerca del oratorio, sentado y absolutamente sosegado en un banco de piedra. Y yo le contaba mis problemas, las dificultades que tenía con los esclavos, todo lo que desconfiaba del
superintendente o del tiempo o de mis agentes..., todos los problemas que constituían el
cuerpo y el alma de mi existencia. Y él me escuchaba, hacía pocos comentarios, siempre
solícitos, de modo que, cuando yo me alejaba de él, tenía la clara impresión que él me había resuelto todos los interrogantes.
No pensaba que le pudiera negar nada y juré que, por más que se me partiera el alma, él entraría en el sacerdocio cuando llegara ese momento. Por
supuesto, estuve equivocado.
No lo pensé así. Sucedió cuando tenía quince años...Empezó a tener visiones. Al principio, sólo me lo insinuó, y dejó por completo de comer. Vivía en el oratorio. A cualquier hora del día o de la noche, yo lo podía encontrar arrodillado sobre la losa delante del altar. Yo estaba convencido de que solamente... se trataba de fanatismo. Que quizás había ido demasiado lejos.
Entonces me contó de sus visiones. Los pájaros lo habían ido a ver al oratorio. Le habían dicho que tenía que vender sus propiedades en Luisiana, todo lo que poseía. Mi hermano iba a ser un gran dirigente religioso e iba a devolver su antiguo fervor al país y cambiar el curso de la batalla contra el ateísmo y la Revolución. Por supuesto, no
tenía dinero propio. Yo debía vender nuestras plantaciones y nuestras casas en Nueva Orleans y entregarle el dinero.
Me reí de él. Y él... se puso furioso. Insistió en que la orden provenía de la mismísima Virgen. ¿Quién era yo para ignorarla? ¿Quién? ¿Quién, por cierto? Y, cuanto más quiso convencerme, más me reía yo. Era un absurdo, le dije; lo haría derribar de inmediato. No, pero sé muy bien que jamás vaciló un segundo en sus convicciones. Eso lo sé y lo
sabía entonces, esa noche, cuando salió de mi habitación furioso y dolorido. Jamás vaciló un instante. Y, a los pocos minutos, estaba muerto.