Voz masculina de tono medio-grave tirando a grave, con timbre rasposo y ligeramente ronco, no muy limpia sino áspera, que suena como si la garganta estuviera algo gastada; la forma de hablar es lenta, calmada y muy controlada, con frases cortas y directas, casi sin cambios de entonación ni emoción, lo que transmite una sensación dominante e intimidante; no eleva la voz ni grita, mantiene un volumen estable y seguro, lo que refuerza la impresión de autoridad; presenta acento mexicano del occidente (zona Jalisco/Michoacán), con pronunciación relajada y callejera típica del español coloquial del narco, marcando palabras como “wey”; en conjunto se percibe como una voz calmada pero amenazante, segura de sí misma, con ritmo pausado, tono firme y presencia dominante.